La pureza del blanco y las líneas rectas del negro

Hace bastante tiempo que no hablamos de decoración de interiores en el blog.

Hoy hablaremos de ello, especialmente de los ambientes minimalistas en blanco y negro, algo que lleva muchos años de plena actualidad en el mundo de la decoración. Sus líneas rectas, la limpieza de sus diseños y el predominio del tono blanco sigue ganando nuevos adeptos. La mezcla de este estilo con toques de color, hace que los ambientes ganen en color y protagonismo.

El blanco siempre es el color base, pero sobre él podemos usar distintos tonos para dar profundidad, delimitar los diferentes ambientes o dar un toque de color que rompa con el monotonismo que a veces caracteriza al estilo minimalista.
Al mismo tiempo la luz también es básica, por lo que podemos optar por sistemas de screen en las ventanas que nos permitan disfrutar de la máxima luminosidad posible. Asímismo, algunos toques de personalidad con muebles de diseño o algún estilo más vintage puede darle un toque ecléctico que llene de personalidad la vivienda.

Su unión es la máxima expresión del contraste. Blanco y negro son los eternos polos opuestos que se han atraído siempre. Su empleo en la decoración es un auténtico clásico, puesto que toda época ha hallado en ellos la mejor excusa para teñir sus diseños, ya fueran éstos recargados o infinitamente puros. El equilibrio entre la luz de uno y la oscuridad del otro ha sido resuelto con maestría por el interiorismo, ya que este juego bicolor ha sido recurso protagonista de muchos proyectos: su atractivo es imperecedero.
Si bien es cierto que no podemos atribuir a este dúo el origen de un estilo o movimiento artístico, sí que podemos mirar al pasado para encontrarlo en diferentes momentos de esplendor. El interiorista José Campuzano afirma que fue muy recurrente en los años 20 y dentro de las pautas del minimalismo oriental. Un ejemplo tradicional son los suelos de damero que podemos hallar en salones neoclásicos, cocinas rústicas y baños decó.
Asimismo, corrobora el poder de seducción de esta dualidad reconociendo que por razones socioculturales hemos aprendido a identificar el blanco con la vida, la limpieza, la pureza, la sensibilidad, etc., y el negro con todo lo contrario: la oscuridad, la suciedad, la muerte, etc., añadiendo que adora jugar con estas sensaciones y conseguir romper con lo aprendido, logrando que el blanco sea misterioso y el negro, optimista.

Buscando la proporción ideal
A la hora de conjugar con éxito todos los componentes del espacio, la iluminación juega un papel fundamental.  El blanco es el resultado de la superposición de todos los colores, mientras que el negro es la ausencia total de luz, ya que la absorbe por completo. Estos aspectos, más físicos que decorativos, deben tenerse muy en cuenta puesto que, queriendo vaciar de penumbra un rincón sombrío, podemos chocar con el efecto multiplicador del blanco.




La clave está en la luz indirecta y cálida. Las pantallas negras opacas como, por ejemplo, las de piel de potro, nos permiten crear ambientes relajados y evitan deslumbrar.
  
Salones elegantes

Dentro de los salones, nos percatamos de que el blanco ha sido el aliado tradicional de las paredes, debido a su capacidad para ampliar visualmente espacios de escasos metros cuadrados. Por su parte, el negro se ha ido ganado por méritos propios un lugar destacado en los catálogos de mobiliario de comedores y cuartos de estar.  

 Algunas ideas: hay una pieza que se utiliza muchísimo en proyectos de salones: el sofá Chester de piel blanca. Otros elementos usuales son las lámparas de cristal negro o las alfombras de cebra.

 Pantallas de piel de potro, cojines de pelo blanco, alfombras de vacuno en damero blanco y negro, butacas de madera de wengué tapizadas en chinchilla blanca.... A la hora de poner la mesa en el salón, no dudes en sorprender a tus invitados con menaje en estos dos colores.

Elementos de ruptura

Para romper el contraste, echa mano de materiales con luz propia, como el cristal transparente o tratado al ácido y el acero, además de espejos o piezas en metacrilato. Conseguirás un efecto llamativo si añades complementos brillantes, dorados o plateados, o bien un color vivo, como el mostaza, el naranja, el violeta, el rojo, etc. Puedes valerte de cojines, jarrones, alfombras, menaje, etc. 



Respecto al dormitorio, hay que animarse a desterrar el imperio del roble: que si la gente se atreviese a lijar tarimas y parqués, puertas y ventanas, armarios empotrados y demás elementos de carpintería, y los lacaran, decaparan o tiñeran en blanco o en negro se quedarían sorprendidos de los resultados.


Para todas las estancias

En la cocina, el lacado cada vez está más presente entre fogones. Si eliges los muebles en blanco, tendrás que vestir la encimera de negro, pero también es adecuado invertir la selección. Respecto al baño, los revestimientos cerámicos cumplen un papel esencial.


 Zócalos de azulejos blancos, empapelados en negro con pequeños motivos plateados, espejos en pan de plata, cortinas con motivos atrevidos..., sugiere el interiorista. El afán trasgresor ha llegado hasta los sanitarios, donde el gobierno del blanco parecía absoluto. 

Fuente principal: Facilísimo
Imágenes: Google

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